
ISBN: 979-13-7043-051-1
© Marta María Tobajas Ramos
https://doi.org/10.58842/VSEP4672
Introducción
Antecedentes
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son un grupo de enfermedades psiquiátricas que se definen, como una serie de manifestaciones graves que causan un deterioro significativo de la salud física o del funcionamiento psicosocial, relacionadas con atracones, trastornos de la ingesta y desproporcionada preocupación por la imagen corporal y el peso.
Desde el punto de vista diagnóstico los TCA están incluidos y definidos en los principales sistemas internacionales de clasificación de enfermedades. Según la 5ª edición del Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM-5), se incluyen dentro de la categoría de Trastornos alimentarios y de la ingestión de alimentos, mientras que en la 11ª revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) se integran dentro de los Trastornos del comportamiento alimentario o de la ingesta de alimentos.
La Anorexia nerviosa se caracteriza por una alteración en la precisión de la imagen corporal y una conducta reiterada y persistente para no ganar peso, sin embargo, en la Bulimia nerviosa, se presentan episodios de ingesta excesiva seguida por una respuesta de medidas compensatorias ante la preocupación por el control del peso corporal.
Otras patologías, como el trastorno por atracón, trastorno alimentario o de la ingestión de alimentos especificados o la ortorexia que se define como la preocupación excesiva por la alimentación sana son cuadros con menor incidencia pero que se incluyen en la clasificación de trastornos alimentarios.
La máxima incidencia de los TCA aparece en adolescentes y mujeres entre los 12 y 20 años en una proporción de 9:1 con respecto a los hombres en esa misma franja de edad. La prevalencia se sitúa entre el 5,5% y el 17,9 % en mujeres y en hombres entre el 0,6% y 2,4%.
El diagnóstico puede estar condicionado y ser difícil en grupos de edades más pequeño y en minorías étnicas.
Los trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta son considerados la tercera causa de enfermedad crónica en la población infanto-juvenil, después de la obesidad y el asma. Se estima que en el mundo y cada año se pierden aproximadamente 3,3 millones de años de vida saludables a causa de los trastornos alimentarios.
La etiología de los TCA no está totalmente aclarada, aunque se postula que es resultado de la interacción de fenómenos heterogéneos que interactúan y que van a influir en la aparición y su desarrollo, como factores psicosociales, biofisiológicos y fenómenos relacionados con la personalidad, la autoestima y la imagen corporal.
La mayoría de los autores sugiere que existen rasgos genéticos predisponentes de la personalidad activados por factores precipitantes como la etapa de la adolescencia o la exposición a medios de comunicación. Al instaurarse la enfermedad existen factores mantenedores como la pérdida de peso, recompensa social o la inanición que alimentan el trastorno.
Las manifestaciones clínicas en los TCA se estructuran en manifestaciones conductuales, cognitivas, psicopatológicas y fisiológicas.
Los hallazgos clínicos conductuales hacen referencia, en primer lugar; a comportamientos obsesivos asociados al control de peso (manipulación o engaño). En segundo lugar; se presentan alteraciones cognitivas como el miedo a engordar o la preocupación excesiva por la imagen corporal y dentro de los trastornos psicopatológicos se encuentran la alteración de la imagen corporal, adicciones o el riesgo de suicidio y trastornos afectivos y de la personalidad como trastorno obsesivo-compulsivo que agravaría el cuadro e influiría negativamente en el pronóstico, y por último; las alteraciones fisiológicas se relacionan con las complicaciones derivadas del excesivo control del peso y la desnutrición, que son numerosas y afectan prácticamente a todo el organismo como son el retraso en el crecimiento, retraso de la edad ósea, amenorrea o perdida del esmalte dental.
En los TCA se recomienda el tratamiento mediante un abordaje multidisciplinar compuesto por psiquiatras, psicólogos, médicos especialistas, dietistas, enfermeros, terapeutas ocupacionales y que incluye el ámbito de la atención primaria, atención especializada y otros recursos como centros sociosanitarios, pisos tutelados o grupos de ayuda y asociaciones de trastornos alimentarios.
La compresión de los factores de riesgo asociados a los TCA es imprescindible para el funcionamiento de programas de prevención y tratamientos efectivos. Existen estándares socioculturales de belleza asociado al éxito social que unido a la baja autoestima emergen como factores de riesgo psicosociales.
Las mujeres jóvenes son particularmente vulnerables, muestran mayor predisposición a la insatisfacción corporal, así como a seguir conductas de control de peso.
La detección precoz de estos trastornos es primordial, un retraso en la identificación de este tipo de patología conduciría a un peor pronóstico. Para conseguir la detección en fase temprana e intervenir de manera precoz se tiene que identificar a aquellas personas de alto riego que presentan signos y síntomas de alarma, labor que recae en los equipos de atención primaria, si bien la variación cultural y la presentación en niños pequeños y las minorías étnicas pueden ocasionar un retraso en el diagnóstico.
La prevención secundaria se logra a través de la actuación rápida, las personas que son identificadas y tratadas de forma precoz en el curso de la enfermedad disminuye su evolución a las formas crónicas. La revisión de un número importante de investigaciones recoge que el 50% de los casos de Anorexia Nerviosa remiten de forma completa, un 20-30% de forma parcial y entre 10-20% se cronifican. En el cuadro de Bulimia Nerviosa tiene una evolución buena en el 60% de los casos, aceptable en el 29% y mala en el 10% de los casos.
La sociedad actual ha evolucionado y apuesta cada vez más por las nuevas tecnologías y los jóvenes consumen de manera constante y diaria, las redes sociales. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) en los hogares de España, el 63% de la población entre 16 y 74 años ha participado durante los últimos 3 meses en redes sociales como Instagram, Facebook, X y YouTube, los usuarios más activos en las redes sociales son las personas entre 16 a 74 años (93%), siendo las mujeres con un (66%) las que superan a los hombres (61%).
Las redes sociales se definen como una plataforma que aparece como un servicio basado en la web o en una aplicación y que permite a los usuarios distribuir todo tipo de información de manera personal y crear diferentes comunidades interactivas y en línea.
Las aplicaciones de mensajería instantánea más conocidas son WhatsApp y Telegram, estas además permiten crear grupos. También Instagram, Snapchat, YouTube y TikTok son medios visuales donde se comparten imágenes y vídeos y cuya repercusión se mide en función del número de visualizaciones y comentarios.
Las redes sociales ha emergido como un factor relevante en la etiología y en el curso de desarrollo de los TCA, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes. El uso de redes sociales aporta nuevas oportunidades de socialización, pero su exposición frecuente se asocia a la autoasignación de modelos de cuerpo ideales y poco realistas y a la publicidad hipersexualizada que generan pautas de conducta anómalas como el ejercicio intenso, saltarse comidas que llevan a una baja autoestima y a una mayor insatisfacción corporal.
Los medios de comunicación y especialmente las redes sociales, cada vez más frecuentadas por los adolescentes, también ejercen una influencia negativa, bombardean con publicidad sobre novedosas dietas, cuerpos ideales o consejos de influencers, actores o actrices que siguen los estándares de belleza y moda y que proyectan el consiguiente estereotipo de extremada delgadez. Además, la adicción a redes sociales y la comparación constante con otros usuarios amplifican la vulnerabilidad, especialmente en adolescentes de baja autoestima y una percepción negativa de la imagen corporal.
La utilización de las redes sociales con contenido visual, podrían influir en el desarrollo de TCA.
Existen páginas web “pro-anorexia” y “pro- trastornos alimentarios” como los sitios web “pro-ana” y “pro-mia” que son espacios virtuales donde los adolescentes exponen ideas sobre su imagen corporal y aspecto físico.
El uso descontrolado de estos entornos de redes sociales es una práctica común entre los adolescentes, en particular entre las mujeres jóvenes, además de ser considerado un factor claramente relacionado con los trastornos alimentarios.
Los adolescentes reciben comentarios sobre su aspecto y consejos sobre cómo perder peso. Estos foros son privados con una filosofía basada en la consecución de la delgadez absoluta a través de mensajes de inspiración y apoyo emocional mutuo, siendo el resultado final una retroalimentación que consigue una insatisfacción corporal y el desarrollo de trastornos alimentarios.
La utilización de las redes sociales, unido a los avances tecnológicos en materia de comunicación, ha proliferado de manera exponencial en los últimos años transformando varios aspectos de la vida cotidiana.
Las redes sociales adquieren un protagonismo especial en los TCA, entre los que se incluyen la Anorexia nerviosa y Bulimia nerviosa, enfermedades asociadas a una alta morbimortalidad. El uso excesivo de contenidos difundidos por influencers, actores y actrices y otros personajes de relevancia pública emitidos a través de las redes sociales, pueden tener influencia negativa sobre la percepción de la imagen corporal, dando lugar a la adquisición de malos hábitos alimentarios, patrones desordenados y baja autoestima, promoviendo cánones de belleza con un marcado estereotipo de delgadez cuyas consecuencias van a favorecer el desarrollo y cronificación de estos TCA, especialmente en la población adolescente.
No obstante, se constata que existe controversia en los trabajos publicados entre los efectos positivos o negativos que se asocian con el uso de las redes sociales en los trastornos de la conducta alimentaria.
Por otro lado, hay que considerar que las redes sociales pueden contribuir a la prevención y el tratamiento de este tipo de enfermedades.
En esta publicación se analiza mediante una la realización de una revisión sistemática, la influencia que han adquirido las redes sociales en el contexto de los TCA en los adolescentes, así como, la importancia del Graduado en Enfermería en la prevención y promoción de la salud en estos pacientes.
Índice
CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO 2. METODOLOGÍA
CAPÍTULO 3. RESULTADOS
CAPÍTULO 4. DISCUSIÓN
CAPÍTULO 5. CONCLUSIONES
BIBLIOGRAFÍA