
ISBN: 978-84-1142-980-1
© VANESA MALDONADO PEREZ, MARIA DEL CARMEN GONZALEZ CARAVACA., MARIA ESTHER ALZINA HERNANDEZ
Resumen
Las infecciones nosocomiales representan un desafío crítico para los sistemas de salud, y el personal celador, a pesar de su perfil no clínico, desarrolla funciones con un impacto potencial significativo en su prevención. Este trabajo tuvo como objetivo general analizar, a partir de la evidencia científica disponible, el impacto específico y el potencial del personal celador en la prevención de estas infecciones, para proponer estrategias que optimicen su contribución a la seguridad del paciente. Para ello, se realizó una metodología de revisión sistemática en bases de datos como PubMed, Scopus y WOS, identificando estudios publicados entre 2015 y 2025 que evaluaran el rol, conocimientos o prácticas del celador en la prevención de infecciones. Los resultados obtenidos fueron reveladores: un estudio mostró que los celadores presentaron la seroprevalencia más baja de SARS-CoV-2 (3,33%) durante la pandemia, sugiriendo prácticas de bioseguridad efectivas. Asimismo, una investigación longitudinal de siete años evidenció que, partiendo de los niveles más bajos de adherencia a la higiene de manos (13,89% en 2016), los celadores fueron el único grupo que mantuvo y mejoró su cumplimiento, alcanzando el porcentaje más alto en 2022. La efectividad de las estrategias de formación multimodal para este colectivo quedó demostrada, con un aumento del cumplimiento global del 60% al 75%. Además, se sistematizó su papel como apoyo esencial al TCAE en la higiene del paciente encamado para prevenir úlceras e infecciones, y se definió su rol crítico en áreas de alto riesgo como la Unidad de Esterilización, donde sus tareas son vitales para evitar la contaminación cruzada. Se concluye que el celador es un agente preventivo infravalorado cuya integración formal en los programas de bioseguridad es una necesidad estratégica.
Palabras clave: Celadores, infecciones, prevención, higiene, formación.
Introducción
Las infecciones nosocomiales representan, sin lugar a dudas, uno de los problemas más preocupantes dentro de los sistemas sanitarios modernos. Estas infecciones, también denominadas infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria (IRAS) o infecciones asociadas a los cuidados de salud, se definen básicamente como aquellas que adquiere un paciente durante su estancia en un centro hospitalario y que no estaban presentes ni en período de incubación en el momento del ingreso. Lo habitual es considerar que una infección es nosocomial cuando aparece después de las 48-72 horas posteriores al ingreso hospitalario, aunque este criterio temporal puede variar dependiendo del tipo de infección y del período de incubación específico del microorganismo causante. Conviene señalar que el término nosocomial proviene del griego nosokomeion, que significa hospital, y su relevancia radica no solo en la morbilidad y mortalidad asociadas, sino también en el considerable impacto económico que generan sobre los sistemas de salud. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas infecciones afectan a cientos de millones de pacientes en todo el mundo cada año, prolongando las estancias hospitalarias, aumentando la resistencia a los antimicrobianos y, en definitiva, comprometiendo la seguridad del paciente de manera significativa.
Dentro del amplio espectro de infecciones nosocomiales, es importante mencionar que las más frecuentes incluyen las infecciones del tracto urinario, las infecciones del sitio quirúrgico, las neumonías asociadas a ventilación mecánica y las bacteriemias relacionadas con catéteres vasculares. La transmisión de estos agentes infecciosos puede producirse por múltiples vías: contacto directo o indirecto, gotitas, aerosoles o incluso a través de vehículos comunes como el material sanitario, las superficies contaminadas o los residuos biológicos. Precisamente aquí es donde cobra especial relevancia el papel de todo el personal sanitario, incluido aquel que tradicionalmente no ha sido considerado en primera línea asistencial pero que desempeña funciones absolutamente importantes en la cadena de prevención. Entre estos profesionales se encuentra el celador sanitario, cuya labor resulta fundamental, aunque frecuentemente pase desapercibida en el análisis de las estrategias de control de infecciones. De hecho, diversos estudios han puesto de manifiesto que la participación activa de todos los estamentos hospitalarios, sin excepción, constituye un pilar básico para reducir las tasas de infección nosocomial de forma efectiva y sostenida en el tiempo.
El celador hospitalario es un profesional perteneciente al grupo de personal no sanitario que, paradójicamente, desarrolla gran parte de su actividad en contacto directo con pacientes, materiales potencialmente contaminados y áreas críticas del hospital. Sus funciones abarcan desde el traslado de pacientes entre diferentes servicios, la movilización de camas, camillas y sillas de ruedas, hasta la gestión de residuos sanitarios, el transporte de muestras biológicas, la colaboración en tareas de limpieza y desinfección, y el apoyo logístico en quirófanos, urgencias y áreas de hospitalización. Si bien es cierto que el celador no realiza procedimientos clínicos invasivos ni administra tratamientos, su actividad cotidiana implica un contacto constante con elementos que pueden actuar como vectores de transmisión de microorganismos patógenos. Por ello, resulta paradójico que durante años este colectivo haya quedado relegado a un segundo plano en los programas formativos y en los protocolos específicos de prevención de infecciones, a pesar de que su intervención directa en múltiples procesos asistenciales les convierte en agentes clave dentro de la cadena epidemiológica hospitalaria. Cada traslado de paciente, cada manipulación de residuos o cada limpieza de material supone una oportunidad potencial para la diseminación cruzada de patógenos si no se ejecuta bajo criterios rigurosos de bioseguridad.
En lo que respecta a las funciones específicas del celador orientadas hacia la prevención de infecciones, conviene destacar tres áreas fundamentales que merecen especial atención: el traslado de pacientes, la gestión de residuos sanitarios y las labores de limpieza y desinfección. Durante el traslado de pacientes, el celador actúa como nexo entre distintas unidades asistenciales, lo que implica mover a personas con diferentes grados de vulnerabilidad inmunológica y, potencialmente, portadoras de microorganismos multirresistentes o altamente contagiosos. La correcta aplicación de las precauciones estándar y específicas según el tipo de aislamiento (de contacto, por gotas o aéreo) durante estos traslados resulta absolutamente imprescindible para evitar la propagación de infecciones entre pacientes, profesionales y visitantes. Además, el estado higiénico de las camillas, sillas de ruedas y demás elementos de movilización debe garantizarse mediante protocolos estrictos de limpieza y desinfección después de cada uso, responsabilidad que frecuentemente recae en este colectivo profesional.
Por otro lado, la gestión adecuada de residuos sanitarios constituye otra función crítica donde el celador desempeña un rol protagonista. Los hospitales generan diariamente toneladas de residuos, algunos de ellos altamente peligrosos desde el punto de vista biológico, como material punzante, restos anatómicos, cultivos microbiológicos o textiles contaminados con fluidos corporales.
Índice
- INTRODUCCIÓN
- OBJETIVOS
2.1. Objetivo general
2.2. Objetivos específicos - METODOLOGÍA
3.1. Estrategia de Búsqueda
3.2. Criterios de elegibilidad
3.3. Proceso de selección de estudios
3.4. Extracción de datos
3.5. Síntesis de los datos - RESULTADOS
- DISCUSIÓN
- CONCLUSIONES
REFERENCIAS