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Portada » Actualización en infecciones vulvovaginales de transmisión sexual para matronas

Actualización en infecciones vulvovaginales de transmisión sexual para matronas

mayo 6, 2026

Índice

  • Metodología
  • Introducción
  • Índice

ISBN: 979-13-7043-011-5

© Maitane López Tellería

Metodología

Para la introducción del tema se ha realizado una búsqueda bibliográfica en la plataforma Science Direct y se han consultado documentos de la Organización Mundial de Salud acerca de las infecciones de transmisión sexual.

Para la información acerca de la sífilis se ha consultado la página web de la Organización Mundial de la Salud y el Documento de Consenso de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica y el Ministerio de Sanidad, acerca del diagnóstico y tratamiento de las infecciones de transmisión sexual en adultos, niños y adolescentes, actualizado en 2024.

Para el abordaje de la infección por gonococo, por tricomonas y por la bacteria Haemophilus ducrey, se han utilizado como fuentes de información la página web de la Organización Mundial de la Salud, el Documento de Consenso de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica y el Ministerio de Sanidad y la web de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, de Estados Unidos.

Se ha consultado, además de las fuentes de información ya citadas, la web del Ministerio de Sanidad para completar la información acerca de la infección por clamidia y el linfogranuloma venéreo.

Para la revisión del granuloma inguinal o donovanosis, se ha consultado la base de datos Scielo.

Se ha consultado la Guía de Práctica Clínica de la Asociación Española de Patología Cervical y Colposcopia para completar la información acerca de la infección por Virus del Papiloma Humano.

Introducción

La microbiota vaginal es el conjunto de microorganismos que de forma natural están presentes en la vagina y no originan daño en los tejidos. Existe un reemplazo continuo de la capa superficial de células de esta zona, el epitelio escamoso, que presenta una consistencia húmeda por las secreciones procedentes de la exudación del epitelio y del cuello del útero. Este exudado va a ser muy rico en nutrientes, como glucosa y aminoácidos, por lo que se va a favorecer la colonización de la cavidad por bacterias, constituyendo la microbiota.

La flora habitual está compuesta en su mayoría por bacterias y hongos, junto con otros microorganismos como virus, helmintos, protozoos y otros organismos procedentes de piel e intestino.

De esta manera se crea un ecosistema balanceado y cambiante, con una población compleja de bacterias aerobias y anaerobias. Va a variar a lo largo de las distintas etapas de la vida, ya que va a estar influenciada por los cambios hormonales. Así, antes de la menarquía, la mucosa vaginal es fina y al haber poca influencia de estrógenos, el glucógeno que encontramos es escaso. Los microorganismos principales van a derivar de la piel y del intestino.

En la edad fértil, los niveles de estrógeno que aumentan por la actividad ovárica, van a propiciar que aumente el glucógeno y el resto de nutrientes, proliferando lactobacilos, entre otros los de Döderlein, permaneciendo en equilibrio. Los lactobacilos se considera que tienen un efecto protector en este ecosistema debido a tres mecanismos. Por una parte, la formación de un biofilm que recubre los receptores de las células epiteliales y bloquea la adhesión de patógenos. Inhiben el crecimiento de patógenos debido a la generación de compuestos como el ácido láctico, procedente del metabolismo de la glucosa, que mantiene el pH vaginal entorno a 3.5-4.5.

Por último, estos efectos aumentan la función de barrera de las células epiteliales y estimulan la inmunidad innata. En esta etapa, por tanto, las bacterias habituales que encontraremos serán Lactobacillus, Corynebacterium y Estreptococo viridans. En la menopausia, al volver a disminuir los niveles de estrógenos, bajará de nuevo la concentración de lactobacilos y glucógeno, volviendo a ser la mucosa delgada y bajando la frecuencia de infecciones.

Una situación especial la encontramos en el embarazo, en la que se aumenta la resistencia a la invasión de patógenos ya que aumentan los nutrientes, dando lugar a mayor concentración de lactobacilos y bajando el pH, que es más ácido que fuera de la gestación.

Para terminar, no debemos olvidar que existen otras barreras de protección de este ecosistema vaginal, como son los labios externos e internos de la vulva, la estrechez del orificio cervical externo, el flujo vaginal y las barreras linfoides. Si alguna de estas barreras falla, o se produce un desequilibrio de la flora, puede dar lugar a infecciones del tracto genital. Una higiene adecuada y una protección de barrera en las relaciones sexuales pueden disminuir la incidencia de las infecciones. Van a ser las relaciones sexuales sin protección de barrera las que provocan más infecciones, ya que aportan gérmenes patógenos al interior de los genitales.

Sabemos que hay más de 30 bacterias, virus y parásitos que se transmiten por contacto sexual, incluido el contacto con la vagina, el ano y la boca. Algunas de ellas, pueden transmitirse vía vertical, de la madre al hijo, durante la gestación, el parto o la lactancia. Por último, y menos común en nuestro medio, por vía parenteral a través de transfusiones de sangre.

Actualmente, contamos con tratamiento para curar cuatro de las infecciones más frecuentes, que son la sífilis, la gonorrea, la clamidiosis y la tricomoniasis. En el caso de las enfermedades producidas por virus y que se transmiten vía sexual encontramos la hepatitis B, la infección por el virus del herpes simple, la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y la infección por el virus del papiloma humano.

Es un problema de salud pública que afecta de manera notable a la salud sexual en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, cada día más de un millón de personas contraen alguna de estas infecciones. La infección por virus del papiloma humano afecta a unos 300 millones de mujeres en el mundo, y como sabemos, es la principal causa de cáncer de cuello de útero.

Como matronas, debemos conocer que las infecciones de transmisión sexual (ITS) pueden tener consecuencias graves. Por ejemplo, algunas de ellas aumentan el riesgo de coinfección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Aunque no es habitual en nuestro medio, debido a la implantación de tratamientos efectivos, la transmisión maternofilial de una infección de transmisión sexual puede causar muerte prenatal o neonatal, prematuridad, septicemia, conjuntivitis neonatal y anomalías congénitas. Además, algunas infecciones, como la gonorrea y la clamidiosis, son causas importantes de enfermedad inflamatoria pélvica y esterilidad femenina.

Para la OMS, la indicación para la prevención del contagio de las ITS, es el uso correcto y sistemático de preservativos externos o internos. A pesar de su eficacia, incluso contra el VIH, no protegen de aquellas infecciones que causan úlceras en los genitales, como veremos a continuación. Aun así, la recomendación es el uso del preservativo en toda actividad sexual vaginal, anal u oral.

Para la prevención de la hepatitis B y el Virus del Papiloma Humano (VPH) contamos actualmente con vacunas seguras y eficaces. En caso del VPH, además, existen programas de prevención de cáncer de cuello de útero mediante cribados poblacionales para una detección precoz.

Como se detallará en este documento, algunas de las ITS no causan síntomas o estos son inespecíficos, provocando así un mayor contagio al no iniciarse el tratamiento. La OMS recomienda un mayor diagnóstico de estas infecciones, el tratamiento precoz de las mismas y cortar la cadena de transmisión con el tratamiento de las parejas sexuales de la persona infectada.

Se tratan a continuación las ITS de afectación vulvovaginal más relevantes.

Índice

METODOLOGÍA

OBJETIVOS

INTRODUCCIÓN

SÍFILIS

GONORREA

CLAMIDIA

LINFOGRANULOMA VENÉREO

TRICOMONAS

CHANCRO BLANDO

DONOVANOSIS

HERPES

VPH

BIBLIOGRAFÍA

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