
ISBN: 978-84-1142-629-9
© María Rodríguez Montero
Resumen
El suicidio es considerado como una de las principales causas de muerte en el mundo, convirtiéndose en un problema de salud pública mundial. Mayores tasas de estrés postraumático y angustia emocional han contribuido al aumento de conductas y pensamientos suicidas. Debido al aumento exponencial de casos de suicidio y el cambio de la incidencia hacia la población adolescente, se están buscado nuevas formas de prevención frente a ello.
Esta revisión bibliográfica narrativa tiene como objetivo evaluar y conocer los factores de riesgo y las consecuencias del suicidio adolescente, analizar el efecto de las nuevas TICs en la prevención del mismo y examinar la labor que tienen los profesionales de enfermería en estos casos. Para ello, se han realizado búsquedas bibliográficas en bases de datos como PubMed, BVS, Scope o CINAHL.
Hoy en día la tecnología se está implantando en casi todos los ámbitos de la vida diaria. Las nuevas formas de prevención del suicidio se basan en el uso de las tecnologías de la comunicación e información a través del teléfono móvil, aplicaciones de salud o IA (inteligencia artificial) dentro de la salud. Aunque existen ciertas barreras en su uso como falta de rigor científico o la adicción, la esencia de su uso reside en la accesibilidad y anonimato.
Los profesionales de enfermería tienen un papel fundamental en la prevención del suicidio, no solo referido a la capacidad para la identificación de riesgos y promover una buena educación y/o atención sanitaria temprana, sino también por la empatía y la comunicación abierta sobre pensamientos suicidas.
Como conclusión, estas nuevas formas de actuación para la profesión enfermera, a comparación con las terapias presenciales, suponen mayor participación y una mejora de la adherencia, por tanto, se debería de seguir invirtiendo en su desarrollo dentro de este ámbito.
Palabras clave: Suicidio, Adolescente, Prevención, eSalud, Telemedicina, Enfermería, Telepsiquiatría, Conducta autodestructiva.
Introducción
La salud mental, según la OMS, es el estado de bienestar psicológico, emocional y social de un individuo, mientras que los trastornos mentales se entienden como una perturbación en los pensamientos, percepciones y sentimientos que provocan angustia en él. El número de profesionales de enfermería especializados en salud mental en todo el mundo es de 9 por cada 100.000 habitantes y de médicos de 1 por cada 100.000 habitantes (3). Estos datos indican que las necesidades de la población en cuanto a salud mental son demasiadas y el abordaje es insuficiente.
El suicidio es considerado actualmente como el principal problema de salud mental pública a nivel mundial, convirtiéndose en la primera causa de muerte externa en el mundo. Según El Instituto Nacional de Estadística (INE), el suicidio ha aumentado globalmente un 5,6% durante el año pasado. Llama bastante la atención que la incidencia ha cambiado y sea cada vez mayor entre los adolescentes, se posiciona como la segunda causa de muerte entre ellos y el método que más utilizan es la autointoxicación principalmente con analgésicos, saltar desde un lugar elevado entre mujeres y el ahorcamiento entre hombres.
El término suicidio es referido a un conjunto de acciones que la propia persona se realiza a sí misma, con el fin de conseguir su propia muerte. Estas acciones, de diferente naturaleza y gravedad, incluyen pensamientos reiterativos acerca de la muerte ¿cómo sería mi muerte? o ¿qué pasaría si desapareciera? , autolesiones (acto dañino e intencionado con independencia del grado de intención suicida), intentos (acto de lesión propia con intención suicida), planes del propio acto o la consecución del mismo. El parasuicidio también se incluye dentro de este grupo y hace referencia a actos de autolesión en los que no hay voluntad de morir y la persona que lo realiza solo quiere conseguir cambios en su entorno. Se entiende, por tanto, como una petición de ayuda o llamada de atención.
Destaca que alrededor de 800.000 personas se suicidan cada año en todo el mundo. Europa es uno de los continentes con mayor tasa de suicidio, suponiendo un gasto sanitario de 9.000 millones de euros.
En España, la tasa anual es de 7.9 por cada 100.000 habitantes y genera un gasto sanitario de 171.240 euros. Es la primera causa de muerte no natural en este país llegando a 11,6 suicidios al día con una proporción de 3 hombres por 1 mujer. Las comunidades autónomas que más suicidios presentan son Andalucía, Cataluña, Valencia y Madrid y las que presentan tasas más bajas son Cantabria, Asturias y Extremadura.
Por otro lado, una muerte por suicidio no implica únicamente a la víctima, sino que tiene un impacto negativo tanto en familia, amigos y el entorno de la misma; el duelo por suicidio requiere de más tiempo para ser superado que un duelo por otra causa y añade problemas de salud como alteraciones del bienestar emocional, rechazo social, culpabilidad y riesgo de repetición de conducta suicida.
A día de hoy, el tema del suicidio está muy estigmatizado socialmente, por ello, la OMS considera que los casos están siendo infradiagnosticados. Como consecuencia de lo anterior, en muchas ocasiones los casos de suicidio se clasifican como otra causa de muerte y no se incluye la palabra suicidio, si no muerte atípica o desconocida (10). Es lo que se conoce como el efecto Werther, una creencia bastante extendida que defiende que, si los medios hablan del suicidio sin censura, en este caso los adolescentes, como se les considera bastante manipulables por las redes e inmaduros, van a imitar el acto. Como oposición a lo anterior, existe el efecto Papageno. Este efecto asegura que hablar del suicidio y normalizarlo tiene un efecto protector en los jóvenes que puedan tener pensamientos suicidas.
El acto suicida es bastante complejo e interfieren muchos factores en él. La presencia de un trastorno mental suele estar presente en el 50 % de aquellos que lo cometen, pero no siempre está diagnosticado. Otros factores de riesgo son los genéticos, factores económicos, el autoestigma, insomnio y pesadillas, miedo a la hospitalización, sentimientos de soledad y asilamiento social, dolor emocional por eventos negativos o estresantes en la vida como haber sufrido abuso en la infancia, el abuso de drogas y alta tolerancia al dolor y al miedo. Un factor bastante importante que varios estudios han señalado como principal factor de riesgo es el haber realizado un intento previo que resultó fallido. Por cada muerte por suicidio hay mínimo 20 intentos y la relación temporal entre pensamiento-intento suele ser de 10 min.
También existen factores de riesgo asociados al género, se conoce como brecha de género. Las chicas tienen más riesgo de sufrir depresión, ansiedad y realizan más intentos de suicidio que los chicos (10,8% vs 4,9%), mientras que los chicos suelen sufrir mayormente trastornos de conducta, abuso de sustancias e impulsividad y son más reservados a la hora de expresar sus emociones o problemas. En contraposición, los chicos consuman más el suicidio y utilizan métodos más letales. Ser hombre multiplica por 5 el riesgo de suicidio debido al estereotipado y normas sociales existentes que hacen que los hombres tiendan a sufrir más en silencio por su masculinidad, aumenten su autoestigma y presenten más alexitimia.
Índice
1. INTRODUCCIÓN
- 1.2. Objetivos
2. METODOLOGÍA
3. RESULTADOS
- 3.1. Factores de riesgo y consecuencias del suicidio adolescente
- 3.2. El papel de las nuevas tecnologías en el suicidio y su prevención
- Intervenciones
- 3.3. Rol de enfermería en la prevención del suicidio y el uso de las nuevas tecnologías dentro de la enfermería
4. DISCUSIÓN
- 4.1. Resumen de los resultados
- 4.2. Implicaciones en la práctica clínica
- 4.3. Limitaciones
5. BIBLIOGRAFÍA