
ISBN: 978-84-1142-681-7
© SERGIO FERNANDEZ ZAPATERO, LIDIA ALONSO APARICIO
Resumen
Introducción: la obesidad y el tabaco suponen conjuntamente problemas de Salud Pública muy graves y prevenibles, deteriorando la calidad de vida de las personas que los sufren y provocando su muerte prematura. Las enfermeras juegan un papel muy importante en la prevención y tratamiento de estos.
Objetivo: conocer las intervenciones más efectivas para la resolución de estos problemas, de forma individual y conjunta, con una perspectiva enfermera.
Metodología: se ha realizado una revisión bibliográfica en las principales bases de datos: Elsevier, Cochrane, Scielo y PubMed. Además, se han usado páginas web oficiales.
Desarrollo: el tabaco y la obesidad atenta contra los estilos de vida del individuo por los que resultan difíciles de manejar. El tabaco y sus intervenciones ya sean farmacológicas o cognitivo conductuales están más desarrolladas y ofrecen mejores resultados, necesitando más incidencia en el seguimiento. La obesidad resulta más difícil de tratar, siendo más efectivos programas basados en la motivación y el seguimiento. La unión de ambos aún necesita mayor desarrollo e investigación.
Conclusiones: los programas antitabaco necesitan una mayor incidencia en el seguimiento del paciente para evitar recaídas. En cuanto a la obesidad, el manejo de su prevención plantea aún problemas y necesita desarrollo. El tratamiento de ambas variables en conjunto es muy beneficioso para el paciente por lo que sería de vital importancia desarrollar programas conjuntos con personal de Enfermería involucrado.
Introducción
El tabaco y la obesidad representan dos de los grandes problemas de salud pública de los últimos años, causando, en conjunto, once millones de muertes al año en el mundo (ocho millones el tabaco y tres millones la obesidad).
Según la Encuesta Alcohol, Drogas y otras Adicciones (EDADES) 2019-2020, el 36,8% de la población española de 15 a 64 años se declara fumadora diaria. Esto supone dos puntos menos que en la Encuesta anterior del año 2017, manteniendo una tendencia estable desde 1997, en unas cifras de prevalencia en torno al 30%.
Nuestro país es uno de los mayores consumidores de tabaco de Europa y esto supone una pérdida sanitaria, humana y económica prevenible. El número de muertes anuales atribuibles al tabaco en España es de casi 52.000, de las cuales la mitad son debidas a cáncer. El 80,8% de las muertes por cáncer de pulmón y el 73% de las muertes por EPOC son atribuibles al hábito de fumar. En Asturias, se estima que cada año fallecen más de 2.250 personas por el consumo de tabaco.
El tabaco, además, no solo perjudica al que fuma sino a todos aquellos que respiran el humo de este o inhalan el humo ya producido por su permanencia en las mismas estancias que los fumadores. El riesgo también es importante ya que las personas que respiran el humo tienen hasta un 40% más de probabilidades de desarrollar cáncer de pulmón y un 30% de desarrollar cardiopatías isquémicas.
La obesidad, al contrario que el tabaco, es una enfermedad que se ha desarrollado a lo largo de finales del siglo XX, triplicándose desde 1975. Los datos prevalencia de la obesidad (tanto adulta, como infantil) son abrumadores. Según los datos más recientes, entre el 35 y el 55% de la población tiene sobrepeso y entre el 17 y el 21 % obesidad. Prácticamente, la mitad de los adultos de España tienen un IMC elevado, colocándose el 7º de la unión europea con mayor tasa.
La relación entre tabaco y conducta alimentaria es compleja e investigaciones sugieren que el consumo excesivo de comida y fumar tabaco tienen mecanismos comunes y comparten muchas características; particularmente en la tolerancia a la cantidad de comida y droga consumida, el craving experimentado, y las vías dopaminérgicas compartidas.
Por otro lado, la nicotina se ha asociado con la supresión del apetito y un aumento de la tasa metabólica, por lo que se utiliza habitualmente como un método inadecuado de control de peso, especialmente entre las mujeres con obesidad o alteraciones alimentarias mostrando más resistencia para dejar de fumar (8).
Dejar de fumar se ha asociado con un incremento de peso y en la población general, se ha relacionado con un incremento medio de 4-5 kg, aunque tras 12 meses de abstinencia hay una gran variabilidad; 16% de los que abandona pierden peso y un 13% ganan más de 10 kg, aumentando el riesgo de recaída (8). De este modo, la ganancia significativa de peso se asocia con la recaída, por lo que es importante intervenir adecuadamente en los programas para dejar de fumar sobre este aspecto para aumentar las tasas de éxito.
Además, la obesidad se ha relacionado estrechamente con los trastornos alimentarios, en particular con el trastorno por atracón (TA). El TA es común en mujeres adultas con una prevalencia de 1,4% de la población global. Aproximadamente el 36% de las personas con TA han sido obesos a lo largo de su vida y entre el 23-46% de las personas con obesidad tienen TA. El TA se caracteriza principalmente por la ingesta de grandes cantidades de comida con sensación de pérdida de control, consecuencias emocionales negativas y problemas de salud.
Se sabe que fumar agrava las consecuencias adversas de las complicaciones de peso (por ejemplo; problemas pulmonares o cardiacos) y el exceso de peso en muchas ocasiones es una barrera para que muchas personas (especialmente mujeres) inicien un programa para dejar de fumar puesto que se utiliza como método inadecuado de control de peso. Por otro lado, en muchos casos es común el aumento de peso tras el cese tabáquico. Las intervenciones sobre el tabaquismo y el sobrepeso y la obesidad son comunes en el ámbito de la AP, donde las enfermeras desempeñan un papel protagonista, siendo las competencias propias de la enfermera de familia las relativas a la educación para la salud e intervención sobre los estilos de vida de la población.
Índice
Resumen
Introducción
Objetivos
Metodología
Desarrollo
Discusión
Conclusiones
Bibliografía