
ISBN: 978-84-1142-316-8
© Deirdre Espino Martín
Resumen
En este Trabajo de Fin de Grado se ha elaborado un Plan de Cuidados de Enfermería sobre un paciente que padece Policitemia Vera. Se ha realizado a través de la valoración integral de los 11 patrones funcionales de Marjory Gordon y haciendo uso de los tres lenguajes reconocidos por la American Nurses Association (ANA).
Con este Plan de Cuidados se llega a la conclusión de que el Proceso de Atención de Enfermería resulta una herramienta de vital importancia ya que permite priorizar los problemas del paciente y lograr una estabilidad o mejoría en los objetivos propuestos.
Palabras clave: policitemia vera, polycythemia vera, plan de cuidados, care plan, Enfermería, nursing.
Introducción
Siendo una de las neoplasias mieloproliferativas más comunes, la Policitemia Vera (PV) es un trastorno hematológico crónico caracterizado por el desarrollo clonal de una célula hematopoyética; dando lugar al incremento y acumulación de células megacariocíticas, granulocíticas y hematíes.
En ella, las nuevas células creadas funcionan de manera adecuada, por lo que los problemas derivados de esta patología se deben al excesivo número de células circulantes(2). Además, aunque se desconoce la mutación que la produce, se investiga que la sustitución de la valina de la posición 617 por fenilalanina (V1617F de la mutación en el exón 12) en el gen Janus kinasa 2 (JAK2) sea la posible causante de esta mutación puesto que la mayoría de los enfermos la comparte.
Por un lado, se ha descubierto que “la edad promedio en el momento del diagnóstico es de 62 años para las mujeres y de 60 años para los hombres”, siendo estos últimos los principales afectados. Actualmente, “su incidencia es de 0,8–1,5 casos/100.000 habitantes” con una “prevalencia de 1–5 casos/10.000 habitantes”. Estos datos nos indican que forma parte de las denominadas enfermedades raras ya que “afecta menos de 5 personas por cada 10.000 habitantes”. No obstante, sigue siendo un trastorno que empeora, en gran medida, la calidad de vida de los pacientes y en el que la muerte resulta inevitable debido a que aún no se ha encontrado un tratamiento eficaz.
Por otro lado, al tratarse de una enfermedad insidiosa en la que, aproximadamente, “un 70% de los que la padece carece de sintomatología”, no resulta extraño que suela diagnosticarse de forma casual a través de una analítica rutinaria. Entre los sintomáticos se pueden presentar múltiples manifestaciones clínicas iniciales como: pérdida de peso, fatiga, cefaleas, molestias epigástricas, prurito después del baño y crisis de gota. También ocasiona leucocitosis, trombocitosis, esplenomegalia y síntomas neurológicos como vértigos o mareos, alteraciones visuales como diplopías y accidentes isquémicos transitorios
Entre sus complicaciones, las trombosis son las más nocivas pues pueden aparecer de manera grave antes, incluso, de diagnosticarse la enfermedad y dar lugar a infartos agudos de miocardio, trombosis venosas profundas o embolismos pulmonares. Concretamente, constituyen las principales causas de mortalidad y morbilidad y su riesgo e incidencia aumentan por: la edad, antecedentes previos de padecimiento y precisar flebotomías.
En ciertas ocasiones también pueden originarse hemorragias a nivel de la piel o las mucosas, siendo las gastrointestinales las más comunes. Estas surgen como resultado de las alteraciones en las características o propiedades de los trombocitos; suponiendo un enorme riesgo en aquellos pacientes no controlados que necesitan algún tipo de intervención quirúrgica.
Los criterios diagnósticos de la PV se han ido modificando a lo largo de los años debido a los nuevos descubrimientos científicos; de hecho, algunos dudan de los criterios histológicos establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) por su escasa exactitud.
Teniendo todo ello en cuenta, según la OMS, para poder establecer su diagnóstico se debe observar lo siguiente: “hematocrito >49% (hombres) – >48% (mujeres), concentración de hemoglobina >16,5g/dl (hombres) – >16g/dl (mujeres), aumento de la masa de glóbulos rojos, disminución de la eritropoyetina sérica y presencia de la mutación JAK2 u otra semejante”.
Por el contrario, en aquellos que presentan un aumento de eritrocitos considerable, pero carecen de la mutación JAK2, leucocitosis, trombocitosis y esplenomegalia, esta patología es detectada a través de múltiples pruebas complementarias como la realización de una biopsia de la médula ósea.
En cuanto a los tratamientos disponibles, estos están orientados tanto a disminuir los síntomas y el riesgo de complicaciones como a aumentar la supervivencia. Concretamente, “mientras que aquellos no tratados tienen una esperanza de vida de unos 18 meses, los tratados pueden llegar a vivir más de 15 años”.
Cabe destacar que, con el fin de poder establecer unos cuidados enfermeros de calidad en la PV, se deben tener en cuenta los aspectos específicos que se han ido mencionando durante el desarrollo de este documento. Gracias a los cuidados, los profesionales de Enfermería son capaces de otorgar una atención sanitaria adecuada a la situación personal de cada paciente, realizar un seguimiento continuo de su estado de salud, apoyar y/o ayudar tanto al paciente como a su entorno más cercano (familia, amigos, etc.) y prevenir y/o aliviar la posible aparición de signos, síntomas o complicaciones. Por ello, resulta imprescindible destacar la importancia del papel de los enfermeros en esta patología pues, gracias a su formación teórico–práctica, a sus conocimientos especializados y a los recursos disponibles, son capaces de otorgar unos cuidados de calidad individualizados; mejorando así la calidad de vida de los pacientes e implicándolos en su proceso de salud–enfermedad.
Resulta necesario tener presente que la Enfermería no solo se encarga de la realización de diversas técnicas o procedimientos como la inserción de vías venosas periféricas, sino que se ocupa del ser humano a nivel psíquico, físico y social. De hecho, no se debe olvidar que, según Virginia Henderson, la Enfermería consiste en: “atender al individuo sano o enfermo, en la ejecución de aquellas actividades que contribuyen a su salud o a su restablecimiento”.
En cuanto al objetivo general, consiste en diseñar un Plan de Cuidados de Enfermería (PAE) individualizado a un paciente con PV desde la perspectiva de Marjory Gordon (MG). Asimismo, los objetivos específicos son:
- Detectar, a través de una valoración completa e integral al paciente y mediante los 11 patrones funcionales de MG, aquellos patrones funcionales alterados que se manifiesten durante la elaboración del PAE.
- Identificar y formular tanto los diagnósticos de Enfermería existentes como las necesidades de cuidados específicos que presenta el paciente para cada uno de los patrones alterados, según la taxonomía NANDA.
- Priorizar y planificar, junto al paciente, objetivos, acciones y actividades acordes a su situación con el fin de lograr que los patrones alterados vuelvan a la normalidad lo antes posible, utilizando para ello las taxonomías NOC y NIC.
- Ejecutar las intervenciones planteadas y evaluar el resultado de las intervenciones enfermeras.
Índice
Resumen
Summary
Palabras clave
1. Introducción
2. Material y método
3. Resultados
3.1. Fase de valoración
3.2. Fase de diagnóstico
3.3. Fase de planificación y ejecución
3.4. Fase de evaluación
4. Discusión
5. Conclusiones
Agradecimientos
Bibliografía
ANEXOS